Mientras los minutos se desvanecen, mi mundo queda en suspenso y mi mente guardando silencio sigue gritando sin miedo.
Sin querer que el tiempo toque ninguna parte de mi piel, me arriesgo a perderme en sus manos.
Entre mis dedos se desvanecen los segundos respirando el aire denso y casi palpable de mi sombra quejumbrosa. Esa gris y taciturna sombra que se arrastra tras mi espalda y que de vez en cuando envuelve mi cuerpo de una manera grosera.
No puedo dormir.
No puedo hablar.
Aire es lo que ahora necesito.
Un respiro profundo, sin límite, sin término, sin ningún obstáculo entre mi aire y el suyo. Un aire nuestro y sólo para nosotros.
Tal vez ni el nudo puesto en el hilo de mi voz, ni la tela de mis ojos puedan resistir.
Ahora vienes caminando hacia mí.
Me ves, me hablas, me tocas, me miras, me sientes, me acompañas, me sonríes, me quieres...Y es esta forma de sentir la que me hace revivir.
Véronique
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