Hay veces que la vida da un vuelco y te quedas parada en medio de la nada pensando en lo que ha sucedido, mirando el horizonte eterno de las horas del día.
Hay veces que tú das un vuelco en tu vida y recibes muchas cosas y entregas unas cuantas más, sin necesidad de tener o pedir o incluso pensar en recibir algo a cambio, y te quedas respirando un aire tan ligero que puedes volar sin que nadie ni nada te lo impida y ves todo desde un punto de vista diferente.
Hay veces que das un vuelco sólo por pocos minutos o incluso segundos y es ahí cuando puedes cambiar tu vida, completa. Sin pronósticos, sin meditación, sin razones abres los ojos y estás sintiendo tantas cosas que no las llegas ni siquiera a procesar, sólo las sientes, las vives.
Hay veces que pienso y no me doy las razones del por qué o el cómo, del cuándo o el para qué. Sigo la línea que elegí trazar, quizá no tan segura como ahora pero que en un principio fue delgada y temerosa, y que ahora, bien marcada y segura, trazo con ambas manos y a ojos cerrados.
Un día frente al sol al ocaso es para nosotros un deseo pedido y un deseo por cumplir.
Un día frente al sol y a ese mar que oímos silenciosamente, mientras nuestra piel dejaba en el otro un rastro de su aroma, mientras en un instante yo quería detener el tiempo y hacerlo eterno, mientras recuerdo que en un atardecer de otoño un día alguien me dijo que el sol cumplía deseos, ahora era tu turno de pedir uno.
Sea cual sea ese deseo, espero que se cumpla y que nuestro sol, el que tantas alegrías no ha dado, el que tantos momentos a contemplado, cumpla aquel deseo que dejamos navegando hacia ese horizonte a lo lejos el día Viernes 13 de agosto 2010, último día de nuestras vacaciones de invierno, las que disfrutamos juntos y las cuales nunca olvidaré.
Véronique
Hay veces que tú das un vuelco en tu vida y recibes muchas cosas y entregas unas cuantas más, sin necesidad de tener o pedir o incluso pensar en recibir algo a cambio, y te quedas respirando un aire tan ligero que puedes volar sin que nadie ni nada te lo impida y ves todo desde un punto de vista diferente.
Hay veces que das un vuelco sólo por pocos minutos o incluso segundos y es ahí cuando puedes cambiar tu vida, completa. Sin pronósticos, sin meditación, sin razones abres los ojos y estás sintiendo tantas cosas que no las llegas ni siquiera a procesar, sólo las sientes, las vives.
Hay veces que pienso y no me doy las razones del por qué o el cómo, del cuándo o el para qué. Sigo la línea que elegí trazar, quizá no tan segura como ahora pero que en un principio fue delgada y temerosa, y que ahora, bien marcada y segura, trazo con ambas manos y a ojos cerrados.
Un día frente al sol al ocaso es para nosotros un deseo pedido y un deseo por cumplir.
Un día frente al sol y a ese mar que oímos silenciosamente, mientras nuestra piel dejaba en el otro un rastro de su aroma, mientras en un instante yo quería detener el tiempo y hacerlo eterno, mientras recuerdo que en un atardecer de otoño un día alguien me dijo que el sol cumplía deseos, ahora era tu turno de pedir uno.
Sea cual sea ese deseo, espero que se cumpla y que nuestro sol, el que tantas alegrías no ha dado, el que tantos momentos a contemplado, cumpla aquel deseo que dejamos navegando hacia ese horizonte a lo lejos el día Viernes 13 de agosto 2010, último día de nuestras vacaciones de invierno, las que disfrutamos juntos y las cuales nunca olvidaré.
Véronique
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