[Las cosas se ven desde una ventana diferente]
Una que mira hacia el horizonte rojo que se degrada hasta llegar al azul opaco y oscuro.
Con la luna mirando de cerca y una estrella acopañando la noche de días cálidos, llegan a mi nariz el aroma de las flores en primavera y el viento suave de octubre. De un octubre diferente y variante.
Y vuelo y veo el mundo desde arriba, desde lo alto de la vida. Desde ese punto fijo en el cielo que se mira cuando la palabras te las han sacado de la boca y han viajado a donde siempre quisiste que llegaran.
Hacia el mar azul de las viejas historias de amor, he llevado un susurro junto con el viento, y llegando suave y bajito hasta su oído, migro como las aves de la playa y busco rincones que nadie pueda encontrar.
Rozo el agua de olas en calma que acariciando el cabello enmarañado de una tarde de verano, va y viene, viene y va.
Humeda la arena de superficie tibia y en lo profundo fría como el invierno, se pega en la planta de sus pies y se queda ahí hasta la mañana siguiente.
Siento su piel cerca y camino... un camino sin límites.
Miro por la ventana y veo nuevamente el mundo, tout le monde, aquél que se desprende de las páginas rotas de un libro que pasó por mis manos y ahora se sienta en la penumbra para que lo lea a la luz de la luna. Cada noche busco y encuentro las palabras que nos dejaron, esas palabras que amo, esas inesperadas, esas que se escuchan con atención y las que caen sigilosamente por sus labios.
Sus palabras yo las conozco, yo las he escuchado, yo las siento... en mí.
Una que mira hacia el horizonte rojo que se degrada hasta llegar al azul opaco y oscuro.
Con la luna mirando de cerca y una estrella acopañando la noche de días cálidos, llegan a mi nariz el aroma de las flores en primavera y el viento suave de octubre. De un octubre diferente y variante.
Y vuelo y veo el mundo desde arriba, desde lo alto de la vida. Desde ese punto fijo en el cielo que se mira cuando la palabras te las han sacado de la boca y han viajado a donde siempre quisiste que llegaran.
Hacia el mar azul de las viejas historias de amor, he llevado un susurro junto con el viento, y llegando suave y bajito hasta su oído, migro como las aves de la playa y busco rincones que nadie pueda encontrar.
Rozo el agua de olas en calma que acariciando el cabello enmarañado de una tarde de verano, va y viene, viene y va.
Humeda la arena de superficie tibia y en lo profundo fría como el invierno, se pega en la planta de sus pies y se queda ahí hasta la mañana siguiente.
Siento su piel cerca y camino... un camino sin límites.
Miro por la ventana y veo nuevamente el mundo, tout le monde, aquél que se desprende de las páginas rotas de un libro que pasó por mis manos y ahora se sienta en la penumbra para que lo lea a la luz de la luna. Cada noche busco y encuentro las palabras que nos dejaron, esas palabras que amo, esas inesperadas, esas que se escuchan con atención y las que caen sigilosamente por sus labios.
Sus palabras yo las conozco, yo las he escuchado, yo las siento... en mí.
Véronique
No hay comentarios:
Publicar un comentario