Cuando te sentí, ya te habías ido. No había nadie ahí.
En un silencio y sin sospechar, se acercó a mi oído y quizo esbozar una palabra. Esa palabra, susurro de tu voz inconfundible, despertó mi sueño al borde de la página. Pensando, sin pensar y con música de fondo, soñaba un cuento en vida real.
Con la mente en la mitad del juego inconcluso, que es la realidad mágica de un sueño, por una parte en el rincón de los deseos más profundos y por otra, en el lugar donde cada vez estoy más cerca de la luz al final del camino. Me dormí.
A veces no son sueños, ni tampoco es realidad.
Véronique
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