sábado, 8 de mayo de 2010

Una historia de otoño


En un día de otoño me robaste y me sorprendiste. Al otro día me regalaste la luna, aquella luna que iluminó nuestra amistad. Me regalaste palabras bonitas, sinceras, me confiaste sentimientos y pensamientos.
En un día de otoño, me tomaste de la mano y nunca más me soltaste, y después de que el pasto, los árboles, las calles y la ciudad completa habían sido bañadas por la primera lluvia de otoño, nos miramos con otros ojos, observabamos además de nuestro alrededor, nuestro interior.
En una tarde de otoño nos encontramos juntos, viendo como el sol se despedía del día, te abracé por la espalda y sentí latir tu corazón.
En un una noche de otoño , sin premeditarlo y mientras el sol yacía en su guarida, escondido, se hacía de noche y las palabras calladas salieron una a una. Mirando el horizonte y luego a mis ojos, dijiste aquella frase que cambió un día normal en un día especial de otoño. Y desde ese día, sin esperarlo, sin buscarlo y sin pensarlo, encontré todo lo que necesitaba...

Con un deseo al borde de lo labios, le dije a adiós al sol y a le dí la bienvenida a la luna


Véronique

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