
A veces te recuerdo. Quisiera saber cómo estás. Qué es de tu vida. Si todavía te gusta el mismo sabor de helado, o si aún no respondes tu celular en la calle.
Me impresiona que por más que me esfuerce, no puedo recordar muy bien tu cara. Será porque hace más de un año que no te veo, y tampoco me gustaría verte en algún encuentro fortuito en la calle, que es el único lugar que tenemos ahora, en común. Quisiera quedarme con el recuerdo de cuando te conocí.
De la primavera que vivimos. Del verano que esperamos juntos, que comenzamos pero nunca terminamos. De aquel año que esperamos pero nunca comenzamos.
Por tí descubrí parte de la música que hasta el día de hoy escucho. Esas tardes de letras y melodías, de conversas variadas e interminables. Nos faltó tiempo en comprender que tu complicada y casi conservadora manera de ver el mundo nunca podría convivir contra mi no más simple, pero libre y casi(según tú) revolucionaria manera de vivir.
Y de pronto como una vela que se consume de a poco, las cosas se acabaron, de un segundo a otro.
Ahora recuerdo ese día como uno de los más lindos que he tenido nunca con nadie. Tenía en mí, un sentimiento inexplicable, algo que nunca había experimentado antes, que a pesar de tener lágrimas en mis ojos, sonreía.
Y después de mucho tiempo te lo agradezco, y comprendo que todo lo que tenía que pasar pasó, y que todo tiene su tiempo y que nuestro tiempo fue poco pero eso era lo que tenía que durar.
Sólo me queda una cosa por decir, y espero que después de algunos años puedas darte cuenta de que cuando uno ama, lo hace sin condiciones.
Véronique
No hay comentarios:
Publicar un comentario