Hay días en los que las calles son más angostas, el aire es más denso, las nubes son más grises, el viento sopla en contra y yo soy más insoportable.
Me canso de ver ese mal pintado cuadro de caras desagradables de personas desagradables, la molestia de sentir esas voces incoherentes que es explayan sin sentido esperando a que las escuches por el sólo hecho de estar dirigiendose a una audiencia atenta de caras bobas, me tiene sorda a muchas cosas, y es que yo escucho a quien quiero escuchar y hablo con quien quiero hablar. Esas maneras de vivir diferentes que por supuesto respeto pero no comparto. Los sueños a medias que me tienen colgando de un hilo, los pensamientos ausentes que sin comentarios pueden acaparar todo el espacio en mi mente, y los grandes quiebres de escenas que acortan mi día a un céntimo de segundo y todo esto sobre un espectáculo de diaria rutina que tengo que soportar.
Y así un día cualquiera no doy más y no puedo evitar convertir las horas de callada obsevación a mi alrededor, en una merecida y silenciosa reflexión en mi mente, dejando atrás todo esa mierda de mundo que me hace huir de allí y de aquí.
Todo esto lamentamente se refleja en mi cara, y el cuerpo inteligentemente, por no decir desgraciadamente, habla por nosotros y primero que nosotros.
Sin embargo, quisiera guardar un espacio en mi bolsillo, ese espacio que cambia mi expresión, me saca una sonrisa y me alegra el día, ese pedacito de cielo que me regalas cada vez que me miras y me abrazas.
Hay veces que la gente me estorba y la odio con ganas, hasta tal punto que no quiero más nada de la vida.
Eso es raramente y dementemente lo que me sucede.
Disculpa...
Véronique
Me canso de ver ese mal pintado cuadro de caras desagradables de personas desagradables, la molestia de sentir esas voces incoherentes que es explayan sin sentido esperando a que las escuches por el sólo hecho de estar dirigiendose a una audiencia atenta de caras bobas, me tiene sorda a muchas cosas, y es que yo escucho a quien quiero escuchar y hablo con quien quiero hablar. Esas maneras de vivir diferentes que por supuesto respeto pero no comparto. Los sueños a medias que me tienen colgando de un hilo, los pensamientos ausentes que sin comentarios pueden acaparar todo el espacio en mi mente, y los grandes quiebres de escenas que acortan mi día a un céntimo de segundo y todo esto sobre un espectáculo de diaria rutina que tengo que soportar.
Y así un día cualquiera no doy más y no puedo evitar convertir las horas de callada obsevación a mi alrededor, en una merecida y silenciosa reflexión en mi mente, dejando atrás todo esa mierda de mundo que me hace huir de allí y de aquí.
Todo esto lamentamente se refleja en mi cara, y el cuerpo inteligentemente, por no decir desgraciadamente, habla por nosotros y primero que nosotros.
Sin embargo, quisiera guardar un espacio en mi bolsillo, ese espacio que cambia mi expresión, me saca una sonrisa y me alegra el día, ese pedacito de cielo que me regalas cada vez que me miras y me abrazas.
Hay veces que la gente me estorba y la odio con ganas, hasta tal punto que no quiero más nada de la vida.
Eso es raramente y dementemente lo que me sucede.
Disculpa...
Véronique
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